Henry Morton Stanley “¿El Dr. Livingston, supongo?”



Henry Stanley

Sir Henry Morton Stanley  (John Rowlands Stanley; Denbigh, 1841 - Londres, 1904), ha pasado a la historia como uno de los grandes exploradores de todos los tiempos. Explorador británico. Tuvo una infancia difícil: tratado con dureza por sus padres e incluso encerrado en una casa de corrección, logró huir a los quince años.

John Rowlands, nombre de nacimiento, llegó a América en 1859, donde fue adoptado por un comerciante en Nueva Orleáns y que le dio su nombre, Henry Morton Stanley.

Estallada la guerra civil, participó en ella, y combatió primeramente en las filas de los confederados, y luego, hecho prisionero por el enemigo, ingresó en las de la Unión.

Terminado el conflicto bélico, se inclinó al periodismo y fue enviado especial del New York Herald, escribiendo como corresponsal desde el oeste americano. En 1868 acompañó como cronista a las tropas británicas a Abisinia, en la expedición que realizaban los ingleses contra el Negus Teodoro II de Etiopía, más tarde emprendió expediciones al Imperio Otomano, visitando Grecia, Esmirna, Beirut y Alejandría; también es enviado a España, donde presencia la guerra carlista y asiste a la caída de la reina Isabel II y aprende un perfecto español.

En busca de Livingstone


"Dr. Livingstone, I presume?" (¿El doctor Livingstone, supongo?) Ilustración de 1876 del encuentro entre Stanley y Livingstone.

En el año 1869, el editor del New York Herald, James Gordon Bennett, conociendo su gran afición por los viajes, le encargó la búsqueda del explorador y misionero David Livingstone, del que no se tenía noticia desde hacía algunos años, pero antes le encarga que asista como corresponsal a la inauguración del Canal de Suez, para luego ir a Jerusalén, Constantinopla, Crimea, y llegar a la India a través del Cáucaso, Irak y el Éufrates. Tras este periplo Stanley viajó hasta la isla de Zanzíbar en 1871 y organizó una expedición para localizar al misionero escocés, a quien halló el 10 de noviembre de 1871 en Ujiji, en el lago Tanganika, gravemente enfermo. En este encuentro fue cuando pronunció "¿El doctor Livingstone, supongo?", frase que se hizo célebre gracias a su libro Cómo encontré a Livingstone por H.M.Stanley. Traba bastante amistad con el médico escocés y juntos exploran la parte norte del lago Tanganika. Al terminar su recorrido, tras la muerte del escocés (1873), Stanley volvió solo a las costas de Zanzibar, sin que Livingstone, quisiera acompañarlo. De vuelta a Gran Bretaña, advierte que casi nadie cree lo que cuenta de su encuentro y dudan de la autenticidad de las cartas que presenta, firmadas por Livingstone.



Rutas seguidas por Stanley en sus viajes africanos. Viaje de 1871-1872 en rojo, Viaje de 1874-1877 en verde y viaje de 1888-1889 en azul.

La expedición del río Congo (1874-1877)

En 1874, el periódico británico Daily Telegraph y el estadounidense New York Herald, financiaron conjuntamente otra expedición al continente africano, una de sus misiones era resolver el último gran misterio de la exploración africana, el seguimiento del curso del río Congo hasta el mar. Su aventura se inició el 12 de noviembre de 1874, de la isla de Zanzíbar, y finalizó el 9 de agosto de 1877 en Boma, un puesto avanzado portugués en la desembocadura atlántica del río Congo. En su viaje alcanzó los lagos Victoria y Tanganica que circunnavegó y siguió hacia el río Lualaba para comprobar si realmente era la continuación del río Nilo, como pensaba Livingstone. En la expedición partieron 356 personas, de las que sólo 114 alcanzaron el final, siendo Stanley el único europeo que lo consiguió.



Henry Morton Stanley.

Stanley fue contratado por el ambicioso rey Leopoldo II de Bélgica, que en 1876 había organizado una asociación científica y filantrópica internacional, a la que había denominado Sociedad africana internacional, que encubría un empresa particular del rey. El rey exponía sus intenciones de introducir la civilización occidental y la religión en esa parte de África, pero ocultaba su deseo de apropiarse las tierras, en beneficio propio. Stanley regresó al Congo por mandato del rey y negoció con los jefes tribales para obtener concesiones de terrenos. Construyó algunas carreteras para abrir el país. De esta manera Stanley - que ya tenía antecedentes de maltrato, desprecio e inclusive asesinato de los nativos - contribuyó a una de las páginas más oscuras de la historia del siglo XIX.

Tras un par de viajes más, fue recibido con grandes honores a su regreso a Inglaterra, y tras dar un ciclo de conferencias en Australia y América, recobró la ciudadanía británica y fue elegido miembro del Parlamento en 1895. A partir de 1897, tras su última expedición al África, no se alejó ya de Inglaterra. Puso fin a su actividad de escritor con la publicación de otros dos libros: Mis primeros viajes y mis aventuras en América y Asia (My Early Travels and Adventures in America and Asia, 1895) y A través del África meridional (Through South Africa, 1898).

Pero más que a la producción literaria, la fama de Stanley queda vinculada a las empresas que llevó a cabo, que le convierten en el más importante de los exploradores africanos, poseedor de una voluntad tenaz.


Tumba de Stanley en Pirbright, Inglaterra.

Fuentes:

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